En su mirada existen la coherencia y la sapiencia a partes iguales. Comprometido con las personas, el doctor Mera-Cordero nos invita a vivir mejor y a adentrarnos con paz y salud en el complejo mundo del envejecimiento. La Longevidad tiene que ver con nosotros, porque como actores principales de esta película llamada vida, podemos aprehender la misma y ser testigos de nuestro propio destino: mejor salud, mejor autonomía, mejores años en definitiva. No se trata de vivir más, se trata de vivir mejor.
¿Quién es el doctor Francisco Mera-Cordero?
Soy médico, investigador clínico y trabajo desde hace años en el ámbito de la medicina del estilo de vida, la longevidad saludable, la medicina de precisión y la medicina regenerativa. Mi vocación nace de una convicción muy clara: no basta con tratar la enfermedad cuando ya ha aparecido, también debemos entender por qué envejecemos, qué acelera ese proceso y cómo podemos intervenir antes para preservar salud, energía y calidad de vida. A lo largo de mi trayectoria he trabajado tanto en el ámbito público como en el privado, y eso me ha permitido desarrollar una visión amplia e integradora de la medicina. Con el tiempo me fui especializando en áreas como la inmunomodulación, la optimización celular, la epigenética, el abordaje de patologías crónicas complejas y la longevidad como una estrategia real de prevención y salud a largo plazo. Además de la actividad asistencial, hemos creado con mi equipo de Longevital un modelo integral que une clínica, formación, consultoría, innovación e investigación.
Hemos desarrollado un modelo de formación con cursos orientados a profesionales sanitarios, como la Academia de Longevidad, pensada para médicos y otros profesionales de la salud que quieren incorporar esta visión a su práctica con rigor y base científica. También trabajamos el diagnóstico y el abordaje clínico a través de distintas unidades, y ofrecemos consultoría para clínicas, centros médicos y servicios de salud que quieren implementar un modelo de medicina regenerativa, medicina de precisión o longevidad saludable dentro de su estructura asistencial.
En paralelo, colaboro con universidades como Deusto y San Ignacio de Loyola, así como con institutos y centros de investigación como el CSIC, CIC bioGUNE y el CBM Severo Ochoa, participando en distintos proyectos científicos. Además, desarrollamos investigación con una CRO propia de estudios clínicos, lo que nos permite generar evidencia, impulsar ensayos y conectar la práctica médica diaria con la investigación aplicada. Dentro de ese ecosistema también impulsamos plataformas de innovación en salud como LongevIA, desarrollada junto a Findspo, una plataforma clínica y científica que transforma la evidencia en conocimiento accionable para equipos clínicos, investigación aplicada y programas de salud preventiva. Y además hemos participado en el desarrollo de nutracéuticos orientados a longevidad y patologías crónicas, como Longevity FMC, dentro de una visión integral y basada en ciencia.
Para empezar, ¿cómo definiría la longevidad desde un punto de vista médico? ¿Se trata solo de vivir más años o de algo más complejo?
Para mí, la longevidad no consiste simplemente en vivir más años. Eso, por sí solo, no basta. La verdadera pregunta es cómo llegamos a esos años: con autonomía, con claridad mental, con energía, con fuerza, con ilusión y con calidad de vida, o bien con fragilidad, dependencia y enfermedad. Desde un punto de vista médico, la longevidad tiene mucho más que ver con preservar la funcionalidad y la salud que con sumar años sin más. El objetivo no es alargar la vejez, sino prolongar la etapa de vida saludable. En otras palabras, no se trata solo de vivir más, sino de vivir mejor durante más tiempo.
Cuando hablamos de longevidad, muchas personas piensan simplemente en vivir más años. ¿Es realmente eso o hay algo más detrás?
Hay mucho más detrás. Vivir más años sin bienestar ni plenitud no debería ser el objetivo. Cuando hablo de longevidad, hablo de mantener la capacidad de disfrutar de la vida, de conservar la vitalidad física y mental, de tener un sistema inmune más resiliente, una mejor salud metabólica y también una buena estabilidad emocional. La longevidad bien entendida no es una obsesión por el tiempo, sino por la calidad del tiempo. Ese matiz cambia completamente la conversación.
¿Cuál es la diferencia entre envejecimiento cronológico y envejecimiento biológico y por qué es importante entenderla?
El envejecimiento cronológico es simplemente la edad que marca el calendario. Todos cumplimos años al mismo ritmo. Pero el envejecimiento biológico habla de otra cosa: de cómo están realmente tus células, tus órganos, tu metabolismo, tu sistema inmune, tu masa muscular o tu capacidad de recuperación. Eso es fundamental entenderlo porque dos personas con la misma edad cronológica pueden tener edades biológicas muy diferentes. Una puede estar fuerte, activa, lúcida y metabólicamente sana, mientras otra puede presentar inflamación, fatiga, resistencia a la insulina o pérdida de masa muscular.
La buena noticia es que la edad cronológica no la podemos cambiar, pero el envejecimiento biológico sí lo podemos influir. Ahí es donde la prevención y la medicina de precisión cobran verdadero sentido. Y además disponemos de capacidad para medirlo y ver el impacto y la mejora de los marcadores.
En los últimos años se habla mucho de «medicina de la longevidad». ¿En qué consiste exactamente y cómo se diferencia de la medicina tradicional?
La medicina de la longevidad es una medicina preventiva, personalizada y proactiva. No espera a que la enfermedad se exprese con claridad para empezar a actuar. Lo que hace es identificar desequilibrios antes de que se conviertan en problemas mayores: inflamación crónica de bajo grado, disfunción mitocondrial, alteraciones metabólicas, pérdida de masa muscular, problemas de sueño, estrés persistente o deterioro inmunológico. La medicina tradicional ha sido esencial para tratar enfermedades, especialmente en fases agudas o cuando ya están establecidas. La medicina de la longevidad da un paso antes. Intenta comprender por qué una persona está envejeciendo más rápido, qué factores lo están acelerando y cómo podemos intervenir para modificar ese curso. No son dos medicinas enfrentadas.
¿Cuáles son los principales factores que influyen en nuestra esperanza y calidad de vida? ¿Genética o estilo de vida?
La genética influye, por supuesto, pero no es una sentencia cerrada. En mi experiencia, el estilo de vida tiene un peso enorme. Cómo comemos, cómo dormimos, cuánto nos movemos, cómo gestionamos el estrés, cómo nos relacionamos, si tenemos propósito, si vivimos con coherencia… todo eso modula nuestra salud de una manera muy profunda. A veces se dice que la genética carga el arma, pero el estilo de vida aprieta o no el gatillo. Es una forma simple de decirlo, pero bastante real. La mayoría de las personas tiene mucho más margen de acción del que cree.
Desde su experiencia clínica, ¿qué hábitos tienen mayor impacto en ralentizar el envejecimiento?
Si tuviera que resumirlo en grandes pilares, hablaría de nutrición, ejercicio, descanso, regulación del estrés, vínculos humanos y propósito vital. En mi caso, y también en lo que aplico clínicamente, doy mucha importancia a una alimentación rica en proteína, grasas saludables y baja en hidratos de carbono refinados. En determinados contextos, el ayuno intermitente puede ser una herramienta interesante, siempre que esté bien indicado y bien llevado.
Otro punto clave es el ejercicio, especialmente el entrenamiento de fuerza. Mantener la masa muscular es una de las mejores estrategias para envejecer mejor. A eso le sumo el trabajo cardiovascular y el hecho de mantenerme activo en el día a día. También considero fundamental mantenerse mentalmente activo y cuidar la dimensión emocional e interior. La meditación, la oración, la vida espiritual, la red social sana, vivir con propósito y con coherencia… todo eso también forma parte de una longevidad real. No somos solo biología; somos una unidad mucho más compleja.
El estrés y el descanso suelen subestimarse. ¿Cómo afectan realmente al envejecimiento?
Afectan muchísimo. El estrés crónico acelera procesos biológicos muy importantes: eleva la inflamación, altera el equilibrio hormonal, afecta al sistema inmune, empeora el metabolismo y además suele condicionar malos hábitos en cascada. Cuando una persona vive constantemente activada, duerme peor, come peor, se recupera peor y envejece más rápido.
Y el descanso no es un lujo, es una necesidad biológica. Dormir bien es una de las herramientas más potentes de reparación que tiene el organismo. Durante el sueño se regulan procesos cognitivos, hormonales, inmunológicos y metabólicos esenciales. A veces la gente quiere mejorar su salud con estrategias muy sofisticadas y, sin embargo, sigue durmiendo mal. Ahí hay una contradicción importante.
¿Qué avances científicos recientes le parecen más prometedores en el campo de la longevidad?
Me parecen especialmente prometedores los avances en medicina de precisión, epigenética, salud mitocondrial, inmunología del envejecimiento y biomarcadores de edad biológica. También estamos entendiendo mucho mejor el papel de la inflamación crónica de bajo grado y cómo influye en prácticamente todos los procesos de envejecimiento. El uso de péptidos marcará un hito en la medicina regenerativa: la capacidad de revertir el proceso de envejecimiento. El uso de moduladores del sistema nervioso autónomo, la fotobiomodulación avanzada, el uso de terapias físicas que mejoran el endotelio vascular o la oxigenación de los tejidos… estamos ante una nueva medicina, que no solo se indica para evitar el envejecimiento acelerado y el desarrollo de enfermedades crónicas, sino que además ayudará al abordaje de las patologías crónicas. Otro aspecto muy interesante es la integración de datos clínicos, analíticos y de estilo de vida para personalizar intervenciones. Cada vez vamos hacia una medicina menos estandarizada y mucho más ajustada a la realidad biológica de cada persona.
También creo que herramientas como LongevIA, que combinan ciencia, observatorio de investigación global y apoyo basado en inteligencia artificial, van a ser muy útiles para traducir la evidencia en decisiones más prácticas y útiles para clínicos y profesionales de la salud.
Se habla mucho de suplementos, terapias antiaging o incluso medicina regenerativa. ¿Qué está realmente respaldado por la evidencia y qué no?
Aquí hay que ser honestos: hay mucha más publicidad que ciencia en buena parte de lo que se vende como antiaging. Eso no significa que no existan herramientas útiles, pero sí que hay que separar muy bien lo serio de lo comercial. Lo que hoy tiene más respaldo sigue siendo, sin duda, lo básico bien hecho: nutrición, ejercicio, sueño, reducción de inflamación, salud metabólica, composición corporal y manejo del estrés. Esa sigue siendo la base más potente.
En cuanto a suplementos, algunos pueden tener sentido en contextos concretos, con una evaluación individualizada y objetivos claros. Nosotros también hemos trabajado en el desarrollo de nutracéuticos orientados a longevidad y patologías crónicas, como Longevity FMC, siempre desde la idea de que puedan integrarse dentro de una estrategia clínica seria, no como una promesa aislada ni como un sustituto de los fundamentos. Lo mismo ocurre con ciertas terapias regenerativas: algunas abren caminos muy interesantes, pero no todo lo que se ofrece está igual de respaldado por evidencia.
Hay que tener rigor y no dejarse arrastrar por la moda. ¿Es posible medir nuestra «edad biológica»? Si es así, ¿cómo puede ayudarnos esa información?
Sí, hoy podemos aproximarnos bastante bien a la edad biológica, aunque no depende de una sola prueba mágica. Es una valoración que integra distintos parámetros: composición corporal, fuerza, función metabólica, marcadores inflamatorios, salud cardiovascular, calidad del sueño, rendimiento cognitivo y, en algunos casos, biomarcadores más avanzados o datos epigenéticos.
Esa información puede ser muy útil porque nos da contexto. Nos ayuda a entender si una persona está envejeciendo mejor o peor de lo esperable y, sobre todo, nos permite actuar antes. A mí me interesa menos poner una etiqueta y más utilizar esos datos como una guía para intervenir de forma más precisa.
¿Qué errores comunes comete la gente cuando intenta «vivir más y mejor»?
Uno de los errores más frecuentes es querer resultados rápidos. Buscar el suplemento de moda, hacer dietas extremas, copiar protocolos ajenos o empezar muchas cosas a la vez sin sostener ninguna. La longevidad no se construye desde la prisa. Otro error muy común es centrarse solo en la comida y olvidar el descanso, la fuerza muscular, la gestión emocional o la calidad de las relaciones. Y también veo mucho perfeccionismo: personas que quieren hacerlo todo perfecto y acaban agotadas o frustradas. En salud, la constancia suele ser mucho más poderosa que la intensidad puntual.
¿Hasta qué punto la longevidad es accesible para todos y no solo para quienes tienen más recursos?
Es una pregunta muy importante. Es cierto que algunas pruebas avanzadas o tratamientos muy específicos no están al alcance de todo el mundo. Pero también es verdad que muchas de las herramientas con más impacto son accesibles: caminar, entrenar fuerza, dormir mejor, reducir ultraprocesados, exponerse a la luz natural, cultivar vínculos sanos, gestionar mejor el estrés y vivir con más propósito. La longevidad no debería convertirse en un privilegio. Debería ser cada vez más una cultura de prevención, educación en salud y acceso a intervenciones de valor real. Ese es, para mí, uno de los grandes retos del futuro.
Mirando al futuro, ¿cree que veremos un cambio radical en la forma en que envejezcamos en las próximas décadas?
Sí, estoy convencido. Creo que vamos hacia una medicina mucho más predictiva, preventiva y personalizada. Vamos a entender mejor quién está envejeciendo más rápido, por qué ocurre y cómo intervenir de forma precoz. No creo en fantasías de inmortalidad, pero sí en una transformación muy relevante de la forma en que envejecemos. Probablemente veremos personas llegando a edades más avanzadas con más funcionalidad, más autonomía y mejor salud que generaciones anteriores. Y eso ya sería un cambio enorme.
A nivel personal, ¿qué rutinas o hábitos sigue usted para cuidar su propia longevidad?
Intento vivir de forma coherente con lo que recomiendo. Cuido mucho mi alimentación: practico ayuno intermitente, sigo una dieta rica en proteína, grasas saludables y baja en hidratos de carbono refinados. También mantengo una rutina de ejercicio en la que priorizo la fuerza y el trabajo cardiovascular.
Además, procuro mantenerme mentalmente activo y doy mucho valor a la meditación, la oración y la vida espiritual. Para mí, la salud no se limita a lo físico. También tiene que ver con la paz interior, con el sentido de lo que uno hace, con la calidad de sus relaciones y con vivir en coherencia. Intento cuidar mi red social, vivir con propósito y alinear bastante bien lo que pienso, lo que siento y lo que hago. No porque crea en una perfección imposible, sino porque esa coherencia también da salud.
¿Dónde podemos encontrarle?
Pueden encontrarme en distintos espacios de atención en Madrid, tanto en formato presencial como online. Paso consulta en el Hospital Memorial Publio Cordón (presencial y online), en ITYOS (presencial) y en Bekeno Clinic (presencial). Y también existe la posibilidad de realizar consulta online directamente contactando conmigo. Puede consultar todos los centros en longevital.es/contacto.
Para terminar, si tuviera que dar tres consejos clave a alguien que quiere empezar hoy a mejorar su longevidad, ¿cuáles serían?
El primero sería cuidar la masa muscular. Entrenar fuerza de forma constante es una de las mejores inversiones que una persona puede hacer para su salud futura. El segundo, regular bien los fundamentos: sueño, nutrición, movimiento y estrés. Antes de pensar en estrategias complejas, conviene ordenar lo básico. Y el tercero, vivir con sentido y en coherencia. Tener propósito, cuidar la vida interior, las relaciones humanas y la paz mental también forma parte de la salud. A veces se habla de longevidad como si solo fuera un asunto biológico, pero yo creo que también es profundamente humano.